El Estadista

El Estadista

La fase de la vida dominada por el estadista es el período en que se ha logrado dominar el ego y cambiar la conciencia.

En esta fase, queremos saber qué es lo importante para la otra persona. En lugar de obsesionarnos por nuestras propias cuitas, podemos preguntar con verdadero interés cuáles son las del otro. Hemos empezado a saber que nuestro propósito fundamental es el de dar, antes que el de recibir.

El estadista sigue siendo alguien que trata de lograr cosas y, con mucha frecuencia, es atlético. No obstante, el impulso interior es el de servir a los demás.

La auténtica libertad no puede experimentarse hasta que no se aprenda a dominar el ego y dejar atrás la obsesión por uno mismo. Cuando te sientas alterado, ansioso o sin propósito, pregúntate en qué medida eso se debe a tu forma de valorar cómo estás siendo tratado y percibido.

Sólo se es verdaderamente libre cuando puede uno desprenderse de sus propios pensamientos sobre sí mismo, durante un prolongado período de tiempo.

El Estadista

Pasar de la fase del guerrero a la del estadista fue para mí una experiencia extremadamente liberadora.

Antes de efectuar el cambio tuve que considerar todas las necesidades de mi ego cuando daba conferencias. Eso significaba abrigar preocupación acerca de cómo sería recibido y analizado, si la gente querría comprar mis libros y cintas, o acerca del temor de perder la compostura y alterarme.

Llegó entonces un momento en el que, sin necesidad de realizar ningún esfuerzo consciente, empecé a meditar antes de mis conferencias.

Durante mi meditación, recitaba en silencio un mantra en el que me preguntaba cómo podría servir. Mi pronunciación mejoró significativamente una vez que me alejaba de mi ego y entraba en la fase del estadista.

La fase estadista de la edad adulta tiene que ver con el servicio y el agradecimiento por todo aquello que uno ha logrado en la vida. En este nivel te encuentras muy cerca de yo superior. La fuerza fundamental en tu vida ya no es el deseo de ser el más poderoso y conquistar.

Has entrado en el ámbito de la paz interior. Siempre se encuentra la bendición que se busca cuando se actúa al servicio de los demás, independientemente de lo que hagas o de cuáles sean tus intereses.

Una de las historias más conmovedoras que he escuchado es la de la madre Teresa que, incluso superados los ochenta años, cuida de los menesterosos que encuentra en las calles de Calcuta.

Una amiga mía de Phoenix tenía programado hacerle una entrevista radiofónica. Mientras conversaban, antes de iniciar la entrevista, Pat le dijo:

  • Madre Teresa, ¿hay algo que yo pueda hacer para ayudar a tu causa?
  • ¿Puedo ayudarla a conseguir dinero o darle alguna publicidad?

La madre Teresa contestó:

  • No, Pat, no necesita hacer nada. Mi causa no tiene nada que ver con la publicidad, y tampoco con el dinero. Se trata de algo mucho más elevado que eso.

Pat insistió y dijo:

  • ¿De veras que no hay nada que pueda hacer por usted?. Me siento impotente.

La respuesta de la madre Teresa fue:

  • Si realmente desea hacer algo, Pat, levántese mañana a las cuatro y salga a las calles de Phoenix. Encuentre a alguien que viva en ellas y que crea que está solo, y convénzalo de que no lo está. Eso es lo que puede hacer.

Eso es una verdadera persona estadista, capaz de entregar a los demás todos y cada uno de los días de su existencia.

Al ayudar a otros a saber que no están solos, que también ellos tienen un espíritu divino dentro de sí, independientemente de las circunstancias de sus vidas, avanzamos hacia un yo superior que nos aporta una sensación de paz y propósito que no puede alcanzarse en las experiencias del atleta y del guerrero.

Es aquí donde podemos recordar las palabras de la madre Teresa:

  • Cada día veo a Jesucristo con toda clase de doloridos disfraces.

Todavía existe una fase superior a la del estadista. La cuarta fase es hacia donde te he estado dirigiendo cuidadosamente en este viaje de desarrollo de la conciencia.


Fuente: “Construye tu destino”, de Wayne W. Dyer

 

 

Guardar